Cuando hablamos de una conducción suave, rápidamente lo relacionamos con ahorrar en combustible. Es cierto, pero también supone más ventajas:
Supone que los elementos del motor giran a unas revoluciones que no son altas por lo que el esfuerzo a los materiales y al propio motor no son tan grandes, minimizando las posibilidades de una avería. Los motores de barcos funcionan con gasoil y pueden girar hasta las 2.500 revoluciones por minuto, solo a la mitad de las revoluciones a las que puede llegar un coche. La consecuencia es que son motores eternos.
Conduciendo suave podemos conseguir anticiparnos a la circulación y por tanto no frenar bruscamente e incluso puede que en algunas circunstancias no necesitemos pisar el freno al hacerlo el mismo coche con el freno motor. Si evitamos tocar el freno más a menudo estamos alargando el desgaste de los frenos y los discos de la rueda.
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